AÑO 1
NÚMERO 4
OCTUBRE / DICIEMBRE
REVISTA CIBERNÉTICA DE FOTOGRAFÍA
 
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2 sitios arqueológicos de la cultura popoloca;
San Juan Raya;
Jardin Botánico “Helia Bravo Hollis”
en Zapotitlan Salinas , Puebla
y otros destinos
 (Julio 2006)

Día 1 (6 de julio)
Salimos de casa y nos dirigimos al oriente de la Ciudad de México para tomar la Carretera 150 México-Puebla.
Tomamos la ruta: Puebla, Amozoc, Tepeaca, Atoyatempan, Cascada Acatzizimitla.

Disfrutamos mucho el trayecto: paisajes muy distintos, poblados pintorescos y en esta ocasión, un largo, ruidoso y viejo tren de carga, que a su paso revive recuerdos.
Llegamos a la entrada de la CASCADA ACATZIZIMITLA e iniciamos el descenso a pie a las 17:00 hrs. Hay una brecha muy angosta entre la alta maleza; una sección de escalones en mal estado y grandes rocas que librar.   
Pero cuando se llega al río, no deja uno de expresar: ¡valió la pena!
La cascada es muy alta, aunque no lleva mucha agua.
En el camino observamos aves (mosquero cardenalito, carpinteros, palomas, halcones), flores diferentes y una ardilla y en todos los cerros que bordean el río, se observa gran cantidad de cactáceas.


Regresamos al sitio en donde dejamos la camioneta, a las 19:20 hrs. 
Ahí el altímetro marcaba 1780 m. y en el fondo (a la orilla del río) indicaba 1630 m.
Ya de regreso, muy cerca de la cascada, sobre el camino de terracería, vimos del lado derecho a unos 60 metros del camino, a dos hombres arriba de un camión recolector, que arrojaban al suelo, la basura del mismo.  ¡Qué pena!

Día 2 (7 de julio)
Partimos hacia las ruinas de Tepexi el Viejo.
No existe señalización, pero se toma la calle que inicia frente a la Iglesia Santo Domingo en Tepexi de Rodríguez; más adelante se llega a una “Y” y se continúa hacia la izquierda.
Desde el pueblo de Tepexi de Rodríguez, son 12 kilómetros de terracería en estado regular.  
Llegamos al sitio arqueológico TEPEXI EL VIEJO. Los órganos tienen una altura aproximada de 12 metros.  Se oyen muchas aves… observamos un águila caracara.
Leímos unos letreros con información sobre el sitio: 
“…El nombre de Tepexi proviene del idioma náhuatl y significa “piedra partida”. Tetl – piedra y pexis – partida o cortar; su nombre en popoloca es Thahná y significa pequeño monte...”
“…La ciudad de Tepexi fue la cabecera de uno de lo señoríos Popolocas más importantes que controlaban la región. Se desarrolló durante el período Postclásico, entre 1200 y 1500 d.C. La gran muralla hecha a base de piedra labrada hace del lugar una ciudad fortificada que muestra el ambiente bélico que se vivió en la zona…”
“…Los aztecas conquistan Tepexi en el año 1503 al derrotar a Tlachquiauitl, señor de Tepexi y desde ese momento se convierte en pueblo tributario hasta la llegada de los españoles…”
“…Los señoríos más importantes del área central popoloca, fueron Tepexi y Cuthá. El primero controlaba el comercio de productos agrícolas y cerámicos y el segundo, la producción de sal…”
Terminamos el recorrido en aproximadamente 2 horas.

Regresamos al Pueblo de Tepexi de Rodríguez y visitamos el MUSEO PIE DE VACA, también denominado Museo Regional Mixteco Tlayúa (de nuestra querida máxima casa de estudios, la UNAM).
Parte de la información que ahí se proporciona:
“…Este museo se encuentra en una zona árida, sin embargo aquí existen rocas que afloran y demuestran que había lagos cuyos litorales eran visitados por grandes mamíferos y aves exóticas.  Aún abajo de la columna rocosa se halla evidencia de que esta parte del continente chocó con África hace 475 millones de años...”
“…Tlayúa, palabra náhuatl, significa lugar de obscuridad o lugar del crepúsculo...”
“…La localidad Pie de Vaca es conocida así por los habitantes de Tepexi de Rodríguez desde principios del siglo XX; recibió este nombre debido a la gran cantidad de pisadas fósiles similares a las de las vacas actuales, sin embargo, las huellas pertenecen a unos animales parecidos a las llamas y alpacas sudamericanas del presente…”
“…Todos  los fósiles corresponden a organismos que vivieron a las orillas de un gran lago que existió en esta zona, posiblemente durante el período pliopleistoceno, pero aún no ha sido establecida definitivamente la edad de las rocas en las que quedaron plasmadas estas huellas…”
 “…El estudio de las rocas de la cantera Tlayúa nos ayuda a entender cómo era la vida en los mares que cubrían esta parte de México hace 100 a 105 millones de años y las condiciones físicas y químicas que prevalecían cuando murieron los organismos que habitaban en dichos mares favoreciendo su preservación…”
“…El registro fósil de los invertebrados encontrados en Tlayúa incluye diferentes especies de moluscos: almejas, caracoles, calamares; equinodermos como estrella de mar; artrópodos como cangrejos y también corales…”

“…Los reptiles recolectados en Tlayúa son pterosaurios o reptiles voladores.  De estos extraordinarios organismos se han encontrado algunas extremidades articuladas como alas y un ejemplar completo. Los fósiles de este tipo de reptiles, los pterodactiloideos presentes en Tlayúa, son los más antiguos de Norteamérica…”
Después de visitar el Museo Regional Mixteco Tlayúa, partimos para San Juan Raya, por la ruta San Juan Ixcaquixtla, Atexcal y Tepoxtitlán, en donde inicia un camino de terracería que conduce a San Juan Raya.
Cruzamos una zona de yucas y más adelante un valle en donde se mezclan las yucas con los órganos gigantes.
Avanzamos un poco y entramos a una zona de biznagas gigantes, intercaladas con los órganos gigantes, ¡es un paisaje único!
Era un claro y hermoso atardecer, las nubes blancas hacían contraste con el intenso azul del cielo.

Un letrero indica: San Juan Raya: un Tesoro Paleontológico… ¡Y sí que lo es!
Continuamos nuestro camino y vimos un señalamiento “Bienes comunales, Zapotitlán Salinas Puebla, SAN JUAN RAYA, Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán: No cortar biznagas, no afectar la flora ni la fauna, no tirar basura, no extraer fósiles…” y pensé: si todo el mundo amara la naturaleza, no habría necesidad de este tipo de avisos.
Entramos al poblado y algunos niños se acercaron a la camioneta para ofrecernos artesanías de palma.
Nos hospedamos en las cabañas Cretácico. También tienen espacio para acampar.
La altitud es de 1630 m, igual que al pie de la Cascada Acatzizimitla, que visitamos el día anterior.
Sacamos de la cabaña una mesita y nuestras sillas plegables: merendamos al aire libre.  
Había luna casi llena; se escuchaban las aves, ya se veían murciélagos y había mucho viento.
Nos tomamos todo nuestro tiempo para admirar el paisaje nocturno: las nubes blancas, la “infinidad” de estrellas y entre ellas, una que parecía fugaz. Había relámpagos que daban mayor esplendor a esos impresionantes órganos gigantes.
Más tarde, sobre la cama extendimos nuestras bolsas de dormir.  Ya en mi bolsa y, una vez apagadas las velas, pensaba: ¡Estas sí son emociones fuertes; estar totalmente a obscuras y con los sonidos únicamente de la naturaleza: las chicharras, el viento silbador y uno que otro ruido no identificable!

Día 3 (8 de julio)
Las temperaturas en San Juan Raya durante la noche, estuvieron muy bajas.
La mañana estuvo nublada: no pudimos tomar fotos del amanecer, pero era una sensación de infinitud, de libertad, de ser parte de la naturaleza, de gozo, de enorme deseo de que sobrevivan aquellas monumentales (en tamaño y belleza) especies. 
Más tarde, el cielo se teñía de azul y blanco; las nubes se integraban en diferentes formaciones; las aves, como siempre: cantadoras e inquietas.
Desayunamos en el restaurante de las cabañas con unas deliciosas tortillas hechas a mano por la Sra. Virginia (no hay tortillería en el poblado).
Nos dirigimos al Museo Paleontológico de San Juan Raya.
En éste, que en realidad parece que fue una pequeña casa, pero tiene la función de museo comunitario (mientras se termina de construir el definitivo), se exhiben varias especies de fauna fósil y objetos que provienen de la cultura Popoloca de la región.  
Después de ver los fósiles y de escuchar la interesante explicación de la encargada, partimos con el Sr. Álvaro, quien sería nuestro guía, a la zona de las TURRITELAS.
Cruzamos el cauce seco de un río sobre un puente colgante y recorrimos un sendero, observando a los lados las turritelas (que tienen forma de conos anillados).
Es una sensación maravillosa caminar sobre esas tierras que, hace 100 millones de años aproximadamente, fueran bañadas por el mar.

El Sr. Alvaro nos guió después a la zona de cactáceas.
Durante todo el recorrido nos decía los nombres, propiedades y usos de cada especie y de sus frutos.
La biznaga gigante es conocida como “asiento de suegra”. Observé que en estado adulto, ésta tiene unos 40 “surcos”, pero de pequeña, parece una estrella de 5 picos. 
Admiramos una biznaga gigante que mide aproximadamente 2.5 m. de alto. (Los lugareños le calculan por lo menos 700 años de edad).

Nos comentó además, que en la zona hay una víbora que se llama “palanca” (muy agresiva) y que otras especies que viven en el lugar, son la víbora de cascabel, la coralillo de vivos colores, la corredora y la flechilla. También hay escorpión, tlacuache, mapache,  iguana y armadillo.

En San Juan Raya, un grupo de personas ha recibido pláticas de una asociación civil que los está orientando, para trabajar en un proyecto comunitario de desarrollo social, de protección de sus riquezas naturales y de ecoturismo. 
Por lo tanto, los servicios turísticos que ofrecen (cabañas, comidas, guías) no son privados, sino de una parte de la comunidad (la cual, por cierto, es muy pequeña: 200 habitantes).
Nos explicaron que, derivado de dicho proyecto, la gente está más consciente sobre la importancia de la naturaleza para el ecoturismo y se está tratando de generalizar este conocimiento en toda la comunidad; también se está educando a los niños (y vigilando que no traigan consigo  resortera  o “charpe”)

Mi percepción fue que esta gente está muy optimista y luchando muy duro por salir adelante con este reciente proyecto, mediante el cuidado de la naturaleza y a través de brindar un excelente y cálido servicio (dentro de sus posibilidades) a los visitantes.  
Mi felicitación a este pueblo “luchón” y especialmente a sus mujeres -que tienen una participación tan importante-, así como a la asociación que los orienta y apoya, para la implantación de este noble proyecto.
Ojala que las autoridades en materia ambiental, proporcionaran incentivos económicos a las comunidades que, como San Juan Raya, se organizan para cuidar y proteger los recursos naturales; asimismo, asesoría especializada para la creación, por ejemplo, de viveros de las mismas especies, para evitar la extinción. La venta de plantas de vivero sería otra fuente de ingreso para disminuir la pobreza de la comunidad y con ello, estarían además, en posibilidades de reforestar sus espacios, en beneficio igualmente, de la fauna.
Todo esto, a la vez, serviría de estímulo y ejemplo para que otras comunidades preserven también su riqueza natural y mejoren sus condiciones de vida a través del ecoturismo.
Salimos del mágico pueblo de San Juan Raya y nos dirigimos a Zapotitlán Salinas.

 

 

Día 4 (9 de julio)
El JARDIN BOTÁNICO DE ZAPOTITLAN SALINAS “HELIA BRAVO HOLLIS”, abarca una superficie de 100 hectáreas y se encuentra dentro de un área natural protegida de carácter federal, que es parte de la reserva de la biosfera denominada Cuicatlán-Tehuacán, localizada en los estados de Puebla y Oaxaca. Es una de las áreas más importantes de cactáceas en el mundo.
El valle de Tehuacán en Puebla, junto con Metztitlán en Hidalgo y del Estorax en Querétaro, “…que forman parte del Corredor Biológico de las Zonas Áridas del Altiplano Central del país, constituyen uno de los paleodesiertos de la América septentrional más biodiversos…”

 

Los servicios turísticos que se ofrecen en Zapotitlán Salinas (al igual que en San Juan Raya) no son privados, sino de la comunidad de más de 5000 habitantes (del pueblo del mismo nombre), que se organizaron para preservar esa belleza natural y promover un destino turístico respetuoso de los recursos naturales.
Nos hospedamos en una de las cabañas ecoturísticas ubicadas dentro del jardín botánico.  Éstas no tienen luz, pero son muy amplias y cómodas. 


 

Ese día, me levanté temprano y me senté en la terraza de la cabaña de ese increíble Jardín Botánico de Zapotitlán Salinas y, con un ojo a las aves madrugadoras y otro al libro “El interesante mundo de las cactáceas”, precisamente de Helia Bravo Hollis, escrito conjuntamente con Léia Scheinvar, leí parte de lo siguiente:
“La familia de las cactáceas, que comprende aproximadamente 2000 especies, es endémica de América…”
“… La flora de México es considerada una de las más ricas y variadas del mundo. A ello han contribuido lo accidentado de su fisiografía, las grandes cadenas montañosas, la numerosa variedad de tipos de suelos…
 “…La zona árida de Tehuacán-Cuicatlán se caracteriza por la presencia de varios géneros de cactáceas gigantes columnares o candelabriformes, que integran impresionantes asociaciones de órganos (Neobuxbaumia tetetzo, N. mezcalaensis, Cephalocereus hoppendstedtii y Cephalocereus chrysacanthus) o de candelabros como los de jiotilla (Escontria chiotilla) y por los grandes cardones (Stenocereus weberi).
“…Como buenos naturalistas que eran… (las tribus indígenas altamente civilizadas como los mexicas), conocieron sus principales grupos taxonómicos y les dieron nombres especiales: llamaron nochtli al nopal (Opuntia); al pitayo, tenochtli (Cereus); a la biznaga, comitl (Cactus); y al nopalillo, nopalxochitl quezaltiquitzi (Epiphyllum)…”
Algunos frutos de cactáceas son: “…tunas, joconoxtles, garambullos, pitayos, pitayas, pitahayas, jiotillas, alicoches, chichipes, pochas, huamichis, teteches, chilitos de biznaga…”
“…Una planta del desierto que llega a ser adulta, ha escapado a numerosas adversidades y es, por tanto, una maravilla… los teteches (Neobuxbaumia tetetzo) y los viejitos (Cephalocereus hoppenstedtii), de Zapotitlán Salinas, en Tehuacán, Puebla, que tienen más de 100 años de vida, son grandiosos monumentos de la naturaleza que hay que respetar, pues las condiciones ecológicas, muy cambiantes, hacen aún más difícil su vida y ya no permiten la descendencia fácil de estas plantas…”
En su libro, las autoras, incluyen una relación de 35 cactáceas que… están amenazadas de extinción. Además, señalan que “…Hay otras especies cuyas poblaciones son limitadas y si son colectadas en exceso, pueden llegar a estar amenazadas de extinción. A éstas se les ha dado en llamar ‘especies vulnerables’…” 
Asimismo, las autoras hacen interesantes propuestas para la conservación de especies “ex situ” y explican métodos de cultivo de cactáceas.

Suspendí mi lectura para desayunar y momentos después llegó Jorge, quien sería nuestro guía para subir al CERRO CUTHÁ. 
El recorrido para llegar a la cima, lo disfrutamos muchísimo: el guía indica los nombres de la gran cantidad de especies de cactáceas, así como sus propiedades y usos; se observan sus coloridas flores, diversas especies de aves y el hermoso paisaje.
Además, el guía cortó y nos obsequió algunos exquisitos frutos. 

El Cerro Cuthá es un sitio arqueológico que albergó la cultura Popoloca y sus habitantes se dedicaban a la producción de sal.
En la cima se aprecia el edificio principal y se puede entrar a una especie de tumba. Existe una placa con las iniciales INAH, sin embargo este sitio arqueológico no lo administra dicho instituto, sino que son los pobladores de la comunidad de Zapotitlán Salinas, quienes están organizados para preservar los vestigios. 
Se puede deducir que fue una zona muy grande, ya que existen varios muros y montículos que indican en dónde había construcciones de la cultura Popoloca.   
Es admirable (como en otros sitios arqueológicos) el esfuerzo que tuvieron que realizar los constructores para subir los materiales: al pie del cerro Cuthá, en las cabañas, la altitud es de 1380 m y en la cima es de 1660 m sobre el nivel del mar y la pendiente es muy marcada.
A las 13:30 hrs. emprendimos el regreso y llegamos a la cabaña a las 15:15 hrs. 
Comimos en el Pueblo de Zapotitlán Salinas… ¡un delicioso platillo regional!: adobo con zalea (granos del fruto de un cactus).

Día 5 (10 de julio)
Nos despertó temprano el increíble canto del “ave de las 400 voces”: el cenzontle. Subimos a una torre de avistamiento cerca de la cabaña. El paisaje nublado era increíble. Vimos entre nubes el CERRO DE LOS PRISMAS BASÁLTICOS, al cual subiríamos ese día.


Más tarde, llegó Jorge nuestro guía e iniciamos el ascenso.
Los prismas basálticos son formaciones rocosas naturales de 1 a 4 m de altura. Su nacimiento se debe probablemente a la formación de un volcán que existió hace millones de años .

Hicimos 6 horas de camino; regresamos rendidos pero con el espíritu, al igual que el día anterior, enriquecido con los colores, formas y sonidos de la naturaleza.
Cerca de las cabañas, caminamos por el cauce seco del arroyo Zapotitlán (que tiene una anchura impresionante y unas paredes de arena a los lados, extremadamente altas);  en él vimos una pareja de pastores con sus chivos.

Día 6 (11 de julio)
Nuevamente, Jorge nuestro guía nos acompañó; este día, a LOS REYES METZONTLA, poblado que ganó el premio nacional de las artes en 2005 por la calidad en sus productos de barro y, del cual, nos platicaron que hace muchos años, llevaban en burro desde Los Reyes Metzontla los productos, saliendo el miércoles con sus platos, tazas, jarros… y llegaban hasta el siguiente domingo a San Juan Ixcaquixtla, para venderlos en la plaza. Lo que les sobraba lo comercializaban en pueblos cercanos, o bien lo cambiaban por maíz, frijol…; muchos platos y vajillas se les rompían en el camino y aún pueden encontrarse pedazos de éstos, en la ruta que seguían. 

En Los Reyes Metzontla constatamos la belleza de los diseños y calidad de los productos; además nos explicaron que el barro es puro. Desde la casa de la artesana que visitamos, se ven los cerros cercanos al poblado, de donde extraen la tierra: color café rojizo.

El pueblo tiene 3600 habitantes y nos comentaron que ese poblado es el único lugar en donde aún viven aproximadamente 30 personas que hablan la lengua Popoloca. Pero están tratando de conseguir un maestro para que enseñe la lengua a los niños, lo cual nos alegró mucho, pues evitaría que ésta se pierda, como tantas otras.
De regreso, agradecimos a nuestro guía sus enseñanzas y compañía, lo dejamos en Zapotitlán Salinas y continuamos hacia la Ciudad de Tehuacán, Puebla.

Día 7 (12 de julio)
En la Ciudad de Tehuac án, Puebla, visitamos el Museo de Mineralogía Dr. Miguel A. Romero Sánchez (ampliamente recomendable por su gran variedad de minerales y fósiles).
Llegamos a la Ciudad de México.
Recorrimos 722.3 km.
Esperemos regresar pronto a esos mágicos lugares.

Guadalupe Botello



CONACULTA-INAH

Revista “Expedición” número 19 año 4, pp. 71. Grupo Expedición, México, D.F. nov-dic 05.

Bravo Hollis Helia y L. Scheinvar (2002), El interesante mundo de las cactáceas, FCE. México, p.p.9, 14, 31, 107, 124, 177, 199, 200, 

Folleto “Jardín Botánico” Área Natural Protegida –Reserva de la Biósfera Tehuacán Cuicatlán” Área de Turismo del Ayuntamiento de Tehuacán, Pue. 2005-2008.

 

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